La psicología en el Sevilla
09 de Febrero de 2012
Por: Daniel Torres
Parece ser que la psicología en el fútbol es muy importante. La psicología es una disciplina en la que yo, dicho sea de paso, no creo demasiado, al menos cuando alguien que está cobrando 60 euros la hora quiere que con tres palabras y media el que está enfrente se olvide de que ha perdido el trabajo, lo ha dejado su mujer y tiene cáncer en el páncreas.
Pero en fútbol (un juego que al fin y al cabo no tiene importancia real) manejar la psicología del entorno es importantísimo.
Me remonto al verano del año 2010, en el que el Sevilla estaba haciendo la pretemporada con Antonio Álvarez como entrenador. En todo el verano no se habló de otra cosa que no fuera la previa de Champions, aquella en la que finalmente fuimos eliminados por el Sporting de Braga. Que si no pasar la previa sería un fracaso deportivo, que si no pasar la previa sería un descalabro económico, que si la Supercopa no está mal pero lo importante es la previa, la previa por aquí, la previa por allá...
El Sevilla jugó muy bien y tuvo muy buenos resultados aquella pretemporada. Incluso en el primer partido de competición oficial vencimos por 3-1 al Barcelona poniendo la Supercopa de España muy de cara. Algunos dicen que aquellos eran los suplentes del Barcelona, y yo digo que no. Algunos eran suplentes, no todos. Además, los suplentes del Barcelona (casi 500 millones de euros de presupuesto) son mejores que, al menos, 18 equipos de la Liga.
Pero después del Barcelona llegó Braga, y después de un verano con la presión en aumento, las piernas de los jugadores se engarrotaron y la responsabilidad pesó demasiado. Perdimos, aunque solo 1-0 y quedaba la vuelta en Nervión.
Lo malo es que para entonces la histeria colectiva en torno a esta previa de Champions ya era demasiada, tanto que el Sevilla tiró esa Supercopa tan bien encarrilada y presentó a los suplentes (y estos sí que eran suplentes) en Barcelona, dando por perdido de antemano un partido que podía significar nada más y nada menos que un título. Evidentemente, el Barcelona nos pasó por encima, y comenzó a rodar una bola de nieve bastante peligrosa: el Sevilla se jugaba todo el verano, y parte de la temporada, en ese único partido con el Sporting de Braga.
Llegado el día, los jugadores no salieron precisamente tranquilos, y la tragedia se consumó. Antonio Álvarez perdió toda la confianza y el relevo en el banquillo solo era cuestión de tiempo. Cuando éste se produjo, qué curioso, el Sevilla fichó a Manzano en vez de a Pellegrini (según los medios, el otro candidato) porque los jugadores, aparte de un entrenador, "necesitan un psicólogo" y Manzano, no se olvide, es psicólogo de profesión.
Aunque la apuesta por Manzano resultó fallida a la larga, en un principio la psicología, el cambiar el chip, el empezar de cero, funcionó. La afición se ilusionó con un entrenador de cierto renombre, los jugadores creyeron en su mensaje y el Sevilla ganó entre las tres competiciones 9 de los primeros 11 partidos que disputó con Manzano en el banquillo.
Hasta que llegaron de nuevo las irregularidades y el propio Manzano recurrió a la psicología... y no solo para lo bueno, también para lo malo. Aunque ya hubieran pasado muchos meses desde aquel palo, y aunque él ni siquiera estuviera presente en aquel momento, Manzano aludió infinidad de veces a que los jugadores, desde aquella eliminatoria del Braga, "habían quedado muy tocados". Al final la temporada, por suerte, acabó aceptablemente bien.
Y este año con Marcelino, todo se ha repetido. ¿Recuerda alguien la pretemporada del Sevilla? ¿Recordamos nuestra ilusión? ¿Recordamos los buenos resultados, lo bien que jugaba el Sevilla? Aparte de los típicos partidos contra equipos de pueblo, goleamos al Xerez en Chapín, al Córdoba en el Arcángel, ganamos al Deportivo el Trofeo Teresa Herrera en La Coruña, goleamos al Espanyol (¡5-0!) en casa y ganamos incluso en el campo del Nápoles, que entre otras cosas se ha entretenido estos meses en eliminar de la Champions al Manchester City.
Hasta que volvió a llegar la previa. Y la volvimos a joder. Y desde entonces hasta hoy, casi ni rastro de resultados, casi ni rastro de buen juego, casi ni rastro de nada. Otro palo psicológico quizá mal asumido por los jugadores.
En estos días, de nuevo el Sevilla, con un cambio de entrenador, intenta darle la vuelta a la psicología para dejar de tenerla en contra y ponerla de nuestra parte. Materialmente no ha cambiado nada. Los jugadores (verdaderos protagonistas de la situación) son los mismos. Y sobre todo, la racha es la misma, los pocos puntos conseguidos son los mismos, la posición en la que estamos es la misma y las urgencias por ganar también.
Pero psicológicamente vemos las cosas con otros ojos. Un nuevo tropezón en Anoeta quizá sea perdonado y asimilado con paciencia, en vez de provocar el pánico en los aficionados, cosa que seguramente habría pasado si ese tropezón en vez de con un nuevo entrenador es con el que estaba antes. Míchel, no querido en un principio por muchos Sevillistas, va poco a poco (sin haber hecho aún nada) ganándose el apoyo de la gente y los entrenamientos son presenciados por numerosas personas que se acercan a la ciudad deportiva.
Ojalá Míchel le de al Sevilla el mismo empujoncito que le dieron en un principio Álvarez cuando sustituyó a Jiménez, y Manzano cuando sustituyó a Álvarez. Pero ojalá que también, ese empujoncito, sepa prolongarlo más en el tiempo.
Sin tener por qué ser Míchel mejor que Marcelino, seguramente con este cambio y solo por el hecho de cambiar, muchos vemos más posibilidades de ganar en San Sebastián hoy que ayer. Vemos más posibilidades de remontar el vuelo hoy que ayer. Y creemos en una plaza europea, hoy más que ayer.
Así es la psicología en el fútbol.
Twitter: @DaniTorres_SFC

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