Luis Alberto: el problema de ser demasiado bueno
04 de Diciembre de 2011
Por: Daniel Torres
Tiene el Sevilla en sus filas un auténtico monstruo del fútbol, un indudable mago del balón, llamado Luis Alberto. Un chico que, poniendo un poco de su parte, y teniendo esa pizca de suerte que todos necesitamos, será uno de los mejores. Uno de los mejores, no solo del Sevilla, pues de explotar este jugador, poco podremos hacer para retenerlo en la entidad. Lo que este muchacho hace a veces con los pies solo pueden hacerlo esos pocos elegidos, los mejores jugadores del mundo, los que nacieron para el fútbol.
Los que sigan solamente al primer equipo, al escuchar "Luis Alberto", pensarán en un muchacho que les suena de algo, que lo ha hecho bien en el Sevilla Atlético, y que de vez en cuando disputa con el primer equipo algún que otro minutillo. En cambio, los que sigamos con algo más de interés el mundillo de la cantera nervionense, sabrán que al decir "Luis Alberto", estamos nombrando palabras mayores.
Luis Alberto, siendo cadete, estuvo a punto de abandonar la entidad por falta de oportunidades. Enterado de esto, Ramón Tejada (por entonces entrenador del División de Honor Juvenil), lo rescató para su propio equipo, subiéndolo nada más y nada menos que tres categorías. Decirlo es muy fácil, pero jugar a esas edades con chicos de tres categorías superiores, no es moco de pavo. Se nota el desarrollo físico, y se nota mucho. Desde aquel momento, los nombres de Luis Alberto y Ramón Tejada siempre estuvieron unidos. Lo siguen estando, de hecho.
Junto a otros nombres que ya hoy conocemos perfectamente, como Bernardo, Luna o Rodri, el equipo de Ramón Tejada acabó proclamándose campeón de Liga y Copa, y ya algunos empezaron a hablar de ese chavalín espigado, el benjamín del grupo, que aún siendo tan joven derrochaba una calidad fuera de lo común. Tras este éxito, Ramón Tejada dio un paso en su carrera como entrenador y pasó a entrenar al Sevilla "C". Junto a él, también dieron el paso los jugadores más importantes en la consecución del título citado. Luis Alberto incluido. Esa temporada en el Sevilla "C" todos, tanto entrenador como jugadores, estaban cuajando una temporada muy buena, casi sin acusar el salto a fútbol senior.
De pronto, comenzaron las alarmas a sonar en la Carretera de Utrera: el Sevilla Atlético estaba a punto de descender a Tercera División. Esto, que ya era un fiasco en sí mismo, por si no fuera poco provocaría el descenso automático del Sevilla "C" a las categorías regionales, sin importar que en ese momento estuviera incluso luchando en la zona alta de la tabla. Diego Rodríguez, entrenador del Sevilla Atlético, fue despedido y al Sevilla Atlético subió Ramón Tejada, con la difícil papeleta de salvar a un equipo en puestos de descenso. Para conseguirlo, tendría que firmar en lo que quedaba de Liga números propios de equipo campeón. Ramón Tejada, para superar el reto, confió en los mismos niños que le habían venido dando el éxito desde las categorías inferiores. Ese sería el debut de Luis Alberto en Segunda División "B".
Y entre todos, lo consiguieron. El Sevilla Atlético, en un sprint final milagroso consiguió salvar la categoría, con victoria en Marbella en el último partido de la temporada. El tramo en el que participaron Ramón Tejada y sus chicos de confianza, solo el Granada (campeón de la categoría, y dos años después militando en Primera División) consiguió más puntos que nuestro filial.
Al año siguiente, la explosión. La explosión de todos. Entrenador y jugadores. El Sevilla Atlético, con una media de edad bajísima, firmó una temporada envidiable, quedando por delante solamente el Murcia (al igual que el Granada del año anterior, también fue campeón de la categoría). De todas las categorías nacionales, solo Barcelona y Real Madrid anotaron más goles que el Sevilla Atlético, al que incluso le llegaron a televisar partidos en cadenas nacionales, en la liguilla de ascenso, y cuyos máximos exponentes fueron objetos de reportajes y alabanzas de toda índole. Luis Alberto a la cabeza. Luis Alberto era el líder. Luis Alberto era el mejor. No había ninguna duda con Luis Alberto. Incluso, en su primera convocatoria con el primer equipo, se habló de él como un jugador contrastado que metía miedo a los contrarios y no como lo que realmente era, un chaval que, a lo mejor, iba a debutar. Sería, sin duda, el primero en llegar de ésta generación, el alumno aventajado...
Pero han pasado los meses, y ha avanzado menos que sus compañeros. Rodri está en Segunda División, y pertenece a la disciplina del FC Barcelona. Bernardo juega en Primera con el Racing de Santander, Luna y José Campaña tienen ficha con el primer equipo del Sevilla FC... y Luis Alberto sigue en el Sevilla Atlético, y dando menos que hablar que el año pasado. Los que disfrutan pensando en lo peor, hablan de un jugador que se perdió y que no llegará. Yo, sinceramente, no lo veo así. Llegará y dará tardes de gloria al Sevillismo. Pero Luis Alberto tiene un problema.
El problema de ser demasiado bueno.
Pudiera compararse, salvando las distancias, con el tenista Roger Federer. El suizo, aún siendo el mejor de la historia, que lo es, falla más que la escopeta de la feria. ¿El motivo? Saberse tan bueno hace que intente golpes imposibles, casi trucos de magia, en cualquier circunstancia, por muy desfavorable que sea. Con el consiguiente riesgo de fallar, que aumenta. Rafa Nadal, aunque es muy bueno, tenisticamente no le llega a Federer ni a las uñas de los pies. ¿Y por qué, entonces, le ha ganado tantas veces? Precisamente, por saber sus limitaciones, y no querer tentar a la suerte: ante cualquier dificultad, simplemente, meter la bola dentro, seguir corriendo, y a ver qué pasa.
Un servidor puede prometerles que va a la Ciudad Deportiva todos los fines de semana y no se pierde un partido del Sevilla Atlético. A veces incluso lo acompaña en sus desplazamientos. Y Luis Alberto pierde muchos balones porque intenta hacer magia. Intenta hacer cosas casi imposibles. Pero lo intenta, ni más ni menos, porque sabe que puede hacerlo. Y sabe que puede hacerlo porque es, como digo, demasiado bueno. Es tan bueno que, de hecho, el año pasado le salían hasta esas jugadas impropias de futbolista, más bien de trapecista o experto en juegos malabares. Pero este año (en el filial en general, no es cosa exclusiva de él) ha cambiado el viento un poco, cosa que era de esperar por el lógico proceso de regeneración que sufren las plantillas filiales.
Mi humilde opinión es que Luis Alberto tiene un espejo clarísimo en el que mirarse para triunfar en el Sevilla: Diego Perotti. Especialmente, el primer Diego Perotti, el Perotti que hacía sus primeros pinitos en Primera División, de la mano de Manolo Jiménez. A Diego Perotti también se le quedó pequeño el Sevilla Atlético, y, en esas categorías, también era capaz de desafiar a la física con recortes imposibles. Pero, llegado al primer equipo, supo ver rápidamente que si la jugada tenía algo de dificultad, podía intentarse. Pero que si la jugada era imposible, lo mejor era rectificar, dar un paso atrás, y ayudarse de un compañero.
Hoy en día, Diego Perotti pierde balones, claro está. Todos los jugadores, a fuerza de participar, pierden balones. A veces es criticado. A veces tiene bajas formas. Ningún jugador esta libre de eso. Pero ya es desde hace tiempo un jugador asentado en la élite, pieza indispensable en el Sevilla, una de sus máximas estrellas. Ha sido Campeón de España, y ha jugado competiciones europeas, tanto UEFA como Liga de Campeones. Ha sido internacional con Argentina e incluso se ha rumoreado acerca de la posibilidad de ser internacional español. El Sevilla ha rechazado por él, con naturalidad y sin que nadie se sorprendiera, ofertas que rondaban los 15 millones de euros. De la Juventus de Turín, nada más y nada menos. Incluso el nombre del Real Madrid ha llegado a surgir en la rumorología.
Ojalá Luis Alberto se fije en Diego Perotti y sepa ver el beneficio de dar un paso atrás, que será para coger impulso y dar tres, cuatro o cinco hacia delante. Que haga lo posible y no se obsesione con lo imposible. Y que, llegadas esas oportunidades con el primer equipo, lo siga teniendo presente. Que no quiera hacer en cuatro minutos, con el Sevilla perdiendo y el rival encerrado atrás, todo lo que será capaz de hacer en su carrera.
Siendo paciente, tranquilo y prudente, no me cabe ninguna duda de que el Sevilla le acabará dando lo mismo que a Marcelo Campanal la semana pasada: su dorsal de leyenda.
Y además, dárselo estando todavía en activo.
Y es que este chico es demasiado bueno.

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